martes, 11 de noviembre de 2014

Desorden y azar

Escribo y borro, o borro y escribo, y en el instante en que termino una frase otra mejor viene a mi mente, es extraño el no poder decir lo que quiero. Me siento inútil. Si supieras. Si pudieras. Si oyeras mi silencio y llegarás a entenderlo, ojalá. Ojalá algún día pueda gritar te quiero pero en mayúsculas, TE QUIERO, y sentir el calor de tu voz susurrando “yo también”. Sueño y sueño, que algún día, por qué no, cumplir con mi destino – saltar de línea o seguir con un punto, nada cambia, pero todo importa. En un amanecer perfecto se pasa del azul oscuro al amarillo claro, no sería igual que del azul turquesa al verde oscuro, como pasa en tus ojos.

Gracias a ti vuelo  – ¿Y eso? –  por tus reacciones impulsivas. Cierra los ojos y siente el sabor de las palabras derretidas en los labios, dulce sabor a melancolía. Nos llenamos de vacío por dentro, cuando de repente la verdad cae como una losa sobre nosotros, insólita e insoportable, así es ella, diosa del escondite, cuando la buscas no la encuentras y cuando la esquivas te cae por sorpresa y en la cara. Mentira? Que decir sobre ella, a veces dulce, pero casi siempre malévola y despiadada. Hoy llueve y eso me gusta, no hay mejor manera de pasar un domingo que sentado frente a la ventana viendo cómo caen las gotas sobre el cristal, y cómo poco a poco se van escurriendo hasta llegar abajo; aunque ahora que lo pienso, hoy es lunes!? Bueno, a veces me equivoco de día, pero más se equivocan las noticias anunciando si llueve o no, así que no me aflijo.

Maldito el día en que las ecuaciones se inventaron, y más maldito el día en que dejaron de aplicarse a esa palabra de cuatro letras que mueve el mundo - ¿odio?, ¿por qué no? - simplemente porque amor suena mejor.

Ecuaciones diferenciales sobre el cálculo racional de variables independientes, esa es la cuestión; el día que se resuelva: el amor perderá sus letras y quedarán guardadas en el desván. ¿Hasta cuándo? Ya se verá. Preguntas que tienen por respuesta un no o un sí, diferentes en cada caso, y casi siempre inadmisibles, aunque racionales, pero nunca dependientes la una de la otra.

Me apetece escribir un párrafo corto. Prepotencia? No, simple esquizofrenia.

Reconocer y ser reconocido, dos palabras tan parecidas, pero simultáneamente diferentes. A quién no le gusta que le reconozcan su esfuerzo? A todos. Y quien reconoce sus errores? Nadie. Pero porque hablar ahora de esto, ya lo he dicho, simple esquizofrenia.

Acabar de ver una película a tu lado y acabar los dos llorando y abrazados, tragarse todos los créditos, cada uno pensando en sus cosas, pero con el mismo sentimiento: vacío por dentro, envoltorio de tristeza, y cubierta de ilusiones. Darte la mano y llenar mi vacío –siguen saliendo nombres en la tele pero a quién le importan, lo importante es que la música siga sonando.

Ternura, es una palabra, pero engloba todo un diccionario.

Al igual que el azúcar no contrarresta la sal, el llorar no contrarresta el dolor...pero alivia.

Avanzo  página y releo mi agonía.

Efímero entusiasmo el que siento al escribir estas líneas.

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