Todos hemos oído aquello de "haz caso al corazón y no a la razón", y creo que en principio la mayoría de personas estamos de acuerdo con ello, lo compartimos. Pero a la hora de la verdad que difícil es elegir lo que nos dicta el corazón. Y es que hacer caso a la razón es mucho más fácil, ya que siempre será lo "razonable", lo que todo el mundo entiende, lo que casi nadie critica, lo usual, lo común...lo que acaba haciendo la mayoría vaya. En el caso de que al final salga mal, siempre podremos agarrarnos al hecho de que hicimos lo "razonable", lo que la mayoría nos aconsejó, y lo que la mayoría de gente hubiera hecho en nuestro lugar. Nos consolamos pensando que esta vez hemos fracaso nosotros pero igual que habría fracaso cualquier otro en nuestro lugar. Es agradable pensar que no somos los únicos que nos hubiéramos equivocado. Nos acabamos diciendo a nosotros mismos que lo que ha pasado estaba escrito, que era un camino sin bifurcación, que no hubiéramos podido hacer nada para cambiarlo.
Pero se nos olvida el otro camino posible, el difícil, el que nos indicaba el corazón. Ese que nadie entendía, el que todos tachaban de loco y arriesgado, el que nuestro entorno nos desaconsejaba. El problema es que el corazón a cada uno nos dicta cosas diferentes en una misma situación, cada uno de nosotros tiene sus propios sueños, sus propios miedos, y los demás no tienen por qué compartirlos, de hecho la mayoría de las veces no los llegarán ni a entender. Y es por esto que es el camino difícil de tomar, porque si fracasamos no tendremos a que agarrarnos, la responsabilidad será solo nuestra, y los demás nos dirán eso de "ves, te lo dije, tendrías que haberme hecho caso".
Pero esta sensación de abandono, de incomprensión, de fracaso en solitario nos durará solo un par de días, o un par de semanas, algunos meses a lo sumo. En cambio, la sensación de haber perseguido lo que más deseábamos, de haberlo intentado hasta las últimas consecuencias, la tendremos de por vida. Mucho peor es pasarnos el resto de nuestros días pensando en que hubiera pasado si hubiéramos seguido al corazón, los "y si..." nos acabarán matando.
Por eso cuando me doy cuenta de que estoy empezando a encadenar demasiadas decisiones "razonables" seguidas me asusto, significa que algo va mal, que estoy dejando al corazón en segundo plano. Y desde mi experiencia personal creo que el corazón se equivoca mucho menos que la razón. Así que siempre intento hacer caso al corazón, y dejar de lado la razón, pues me parece lo más "razonable" ;)
Textos llenos de sentimiento, historias sin principio ni fin, párrafos abandonados...
martes, 22 de noviembre de 2016
jueves, 17 de noviembre de 2016
Me decían
Me decían que no me enamorara, que sólo quisiera en su justa medida.
Me decían que no hiciera locuras por amor, que siempre actuara con mesura.
Me decían que no lo intentara con esa chica, que ella nunca sería para mi.
Me decían tantas cosas...
Me decían tantas cosas...
Me terminaron diciendo que estaba loco, y yo les dije que sí;
lo que ellos nunca entendieron es que era loco por vivir.
Me decían que no hiciera locuras por amor, que siempre actuara con mesura.
Me decían que no lo intentara con esa chica, que ella nunca sería para mi.
Me decían tantas cosas...
Me decían tantas cosas...
Me terminaron diciendo que estaba loco, y yo les dije que sí;
lo que ellos nunca entendieron es que era loco por vivir.
domingo, 13 de noviembre de 2016
Turbulencias
Era domingo por la tarde cuando vi desaparecer, por última vez, tu compensada silueta. Te vi marchar y lloré, y no porque te fueras, sino porque en tu huida no te giraste ni un instante para verme por última vez, para ver lo que dejabas atrás, lo que dejábamos atrás.
Fue un final precipitado, sin apenas despedida, un final sin su punto y aparte. Y quizás hubiera sido más triste si nos hubiéramos despedido como se acostumbra, o quizás no, eso nunca lo sabremos. Pero yo sí que me quedé con las ganas de un último adiós, de un último beso, de ese último abrazo que aunque en ese momento te mate pensar que es el último, en el futuro lo agradecerás, y será reconfortante recordarlo. Pero no fue así, y se acabó. Hay que cerrar página. Y ese beso, y ese abrazo, pasarán a la lista de las cosas que se te pasan por la cabeza cuando hay turbulencias en el avión, cuando, por un instante, recordamos todas esas cosas que no hicimos y nos quedamos con las ganas.
Fue un final precipitado, sin apenas despedida, un final sin su punto y aparte. Y quizás hubiera sido más triste si nos hubiéramos despedido como se acostumbra, o quizás no, eso nunca lo sabremos. Pero yo sí que me quedé con las ganas de un último adiós, de un último beso, de ese último abrazo que aunque en ese momento te mate pensar que es el último, en el futuro lo agradecerás, y será reconfortante recordarlo. Pero no fue así, y se acabó. Hay que cerrar página. Y ese beso, y ese abrazo, pasarán a la lista de las cosas que se te pasan por la cabeza cuando hay turbulencias en el avión, cuando, por un instante, recordamos todas esas cosas que no hicimos y nos quedamos con las ganas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)