Fue un final precipitado, sin apenas despedida, un final sin su punto y aparte. Y quizás hubiera sido más triste si nos hubiéramos despedido como se acostumbra, o quizás no, eso nunca lo sabremos. Pero yo sí que me quedé con las ganas de un último adiós, de un último beso, de ese último abrazo que aunque en ese momento te mate pensar que es el último, en el futuro lo agradecerás, y será reconfortante recordarlo. Pero no fue así, y se acabó. Hay que cerrar página. Y ese beso, y ese abrazo, pasarán a la lista de las cosas que se te pasan por la cabeza cuando hay turbulencias en el avión, cuando, por un instante, recordamos todas esas cosas que no hicimos y nos quedamos con las ganas.
Textos llenos de sentimiento, historias sin principio ni fin, párrafos abandonados...
domingo, 13 de noviembre de 2016
Turbulencias
Era domingo por la tarde cuando vi desaparecer, por última vez, tu compensada silueta. Te vi marchar y lloré, y no porque te fueras, sino porque en tu huida no te giraste ni un instante para verme por última vez, para ver lo que dejabas atrás, lo que dejábamos atrás.
Fue un final precipitado, sin apenas despedida, un final sin su punto y aparte. Y quizás hubiera sido más triste si nos hubiéramos despedido como se acostumbra, o quizás no, eso nunca lo sabremos. Pero yo sí que me quedé con las ganas de un último adiós, de un último beso, de ese último abrazo que aunque en ese momento te mate pensar que es el último, en el futuro lo agradecerás, y será reconfortante recordarlo. Pero no fue así, y se acabó. Hay que cerrar página. Y ese beso, y ese abrazo, pasarán a la lista de las cosas que se te pasan por la cabeza cuando hay turbulencias en el avión, cuando, por un instante, recordamos todas esas cosas que no hicimos y nos quedamos con las ganas.
Fue un final precipitado, sin apenas despedida, un final sin su punto y aparte. Y quizás hubiera sido más triste si nos hubiéramos despedido como se acostumbra, o quizás no, eso nunca lo sabremos. Pero yo sí que me quedé con las ganas de un último adiós, de un último beso, de ese último abrazo que aunque en ese momento te mate pensar que es el último, en el futuro lo agradecerás, y será reconfortante recordarlo. Pero no fue así, y se acabó. Hay que cerrar página. Y ese beso, y ese abrazo, pasarán a la lista de las cosas que se te pasan por la cabeza cuando hay turbulencias en el avión, cuando, por un instante, recordamos todas esas cosas que no hicimos y nos quedamos con las ganas.
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