Sé que no debería escucharla, y lo intento, pero no puedo.
Una extraña e incomprensible fuerza me hace ponerla una y otra vez, es inútil
luchar contra ello, al final siempre acabo cayendo. Cada nota, cada palabra,
cada segundo de ella, me recuerda a ti. Me recuerda ese sabor a limón amargo,
que es tu recuerdo. ¿Pero entonces por qué la escucho una y otra vez? Pues
porque entre tanto zumo de limón, hay una pizca de miel, y es sólo esa pizca
efímera la que hace que la ponga a cada rato. Dicen que el limón con miel cura
el resfriado, bueno a mi no es que me cure - menos el resfriado -, pero, al
menos por un momento, me aleja de la realidad y hace que me quede como
suspendido en el aire. Es una sensación única. Eso sí, cuando deja de sonar el
regreso a la realidad es duro, muy duro, pues como cualquier caída duele. Pero
merece la pena, vaya que si merece la pena!
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