La vida hay que elegir cómo queremos vivirla, podemos vivir
como si cada día fuera el último, sin miedo, y con ilusión; o por el contrario,
podemos vivir al ralentí, atemorizados, y sin ganas ni esperanza. Sobre el
papel la decisión correcta parece muy obvia, pero luego, a la hora de la
verdad, muchos se dejan llevar por la pereza, la desgana y la rutina, en
definitiva, no les apetece salir de su zona de confort.
Y es que no entiendo a la gente que "no hace" por
miedo a lo que pueda pasar, me dan lástima la verdad, por las oportunidades que
están dejando pasar. Y es que, antes de que suceda nada ya se están poniendo en
el peor de los casos, ¿por qué? ¡dale una oportunidad a la vida, confía un poco
en ella, y en ti mismo! Las cosas no tienen por qué salir siempre mal. Y si al
final salen mal, pues bueno que se le va a hacer, obviamente tampoco van a
salir siempre bien, pero por lo menos lo habrás intentado.
Definitivamente, yo apuesto por vivir la vida intensamente.
Arriesgando, perdiendo y ganando; pero con la certeza de haberlo intentado.
Pues al final lo que más pesa es la duda, el fracaso se olvida con el tiempo,
pero la duda te acompañará el resto de tu vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario