Me he enamorado de tu sonrisa. He quedado atrapado en la
comisura de tus labios, y no tengo intención alguna de escaparme. Me encanta
que te rías por cualquier cosa, y con ello la alegría que desprendes. Tus ojos,
cautivadores y preciosos, también se ríen al ritmo de tu sonrisa. Ellos no
muestran tu perfecta dentadura, pero sí que dejan a la vista la viveza de tu
alma y el encanto de tu ser.
Quiero que tu risa sea mi alarma diaria, que sea lo primero
que vea y escuche cada día.
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