Tú, yo, y ella
En la tranquilidad de la noche escuché tu voz, la mía y la de ella. Tu voz era continua y acompasada, aunque chocaba contra la arena. La mía era un mar de dudas. Eras tú vaya. Y la de ella era la más lejana, pero también la más melódica. Fue con su voz con la que me quedé pensando, mirando al horizonte, al infinito. Y así me quedé, con la piel congelada y el corazón ardiendo.
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